03/03/2018

RELACI√ďN DE AYUDA Y ACOMPA√ĎAMIENTO ESPIRITUAL Y EMOCIONAL

INTELIGENCIA PARA ENVEJECER CON LA VIDA RELIGIOSA - Al paso de los más lentos.

Con este título sugerente iniciaba Xabier Azcoitia Zabaleta el encuentro que desde la Pastoral de la Salud nos proponían compartir, y en el que pudimos participar en la Casa Madre de  Tarragona,  el 24 de febrero, un grupo de más de treinta  y seis hermanas.

No solo envejecer “en” la vida religiosa, continuaba, sino “con” la vida religiosa, y desde un compromiso comunitario, reflejar el amor concreto, el de cada día, el de “Mirad como se aman” (cf. Hechos delos Apóstoles).  Superando el estilo preconciliar (ya denunciado por el Concilio Vaticano II), de ser “archipiélagos de islas solitarias”, reflejado en el cumplimiento de actos comunes pero sin conocimiento profundo, la observancia regular, la espiritualidad del deber, la obediencia estricta, el superior como administrador de obras, cada hermana viviendo el terreno más abonado para cualquier clase de crisis –la soledad y el individualismo, todas mirando de frente, hacia el mismo ideal, pero sin mirarnos unas a otras…para poder vivir más al estilo de la primera comunidad cristiana, irradiando lo máximo que podemos ser: Bautizadas.

 Un nuevo estilo de vida comunitario, o no tan nuevo, porque viene ya de la primera comunidad cristiana, alimentado de palabras, también ya conocidas: Koinonía, comunicación de corazones y bienes, Carisma, gracia de Dios orientada a la construcción de la comunidad, que coordina diversidad y unidad, Diakonía, cada talento para el servicio de la comunidad. Con un objetivo: Amarse como hermanos en el Señor, pasando del enamoramiento (en el que deseamos, queremos lo que deseamos) al amor (en el que queremos, deseamos lo que queremos); ¿solo un juego de palabras? quizá, pero que nos hace ganar la vida. ¿Y el camino? siempre el amor, o mejor, conocerse (comunicación profunda)-aceptarse (cordialmente en la diversidad) -amarse (de verdad, en el Señor).

 Para poder caminar en esa comunicación profunda, en esa cordialidad, nos plantearon unas herramientas, en nomenclatura moderna: competencias personales y sociales. Conciencia de uno mismo: conciencia emocional, valoración adecuada, confianza propia; autorregulación: autocontrol, confiabilidad, adaptabilidad…; motivación: tendencias emocionales que guían o facilitan el logro de nuestros objetivos… Pero este planteamiento  no solo fue teórico, sino que pudimos acercarnos a la identificación de los propios sentimientos, y así también de los sentimientos del otro/a con quien comunicarnos desde la profundidad. Solo identificando dichos sentimientos, sabiéndolos nombrar, definir, y ahondando en ellos, podremos usarlos para hacer nueva nuestra comunicación. Aprenderemos a escuchar en profundidad, desde la empatía, la autenticidad, la aceptación incondicional, no valorando o enjuiciando al otro, no interpretando lo que nos dice según nuestros criterios y vivencias, no dando una respuesta de consuelo superficial, o queriendo ser los salvadores de los demás, solucionando problemas a todos. Comprender al otro es un proceso activo que requiere gran atención, poner al otro en el centro, atentos a lo que dice y a lo que no dice… y hacerle entender que se le comprende mediante una respuesta también empática, que al principio nos puede parecer inútil, inadecuada, pero que hace que el otro vaya encontrando sus propias respuestas, y pueda descubrir el sentido de cualquier situación que esté viviendo, ya que, ya no será vivida desde la soledad, sino desde la comunión.

Gracias por la oportunidad de compartir esta experiencia, muy corta, pero que nos abre a un camino de reflexión y profundización de todas nuestras relaciones.

 Ana Gento, cmt.

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Carmelitas Misioneras Teresianas

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